En la lectura de Rafael Medino, estuvimos hablando del proceso de socialización. Este proceso es esencial en la vida de los niños ya que determina la interacción o relación que existe entre el entorno y el individuo.
Los diferentes agentes de socialización deben cumplir unos roles y funciones para que todos los valores, educación, lenguaje, conocimientos, etc., se complementen y se vaya formando un individuo pleno y lleno de posibilidades pare enfrentarse a la sociedad. Pero, hoy día, tanto la estructura familiar como la de las escuelas están cambiando y están perdiendo sus funciones, no saben cuáles son y por tanto, conlleva un mal proceso de socialización, es decir, un niño con problemas o trastornos de conducta o con una percepción de la realidad distorsionada.
Hay que tener presente que todos los estímulos negativos que aprenda el niño desde la socialización primaria (familia) es muy difícil de desaprender y por ello, se consolidan las ideas y comportamientos que el niño ha ido recibiendo de las personas de su alrededor.
Junto a la inestabilidad de los agentes de socialización primarios y secundarios se mezcla un tercero, los medios de comunicación, los cuales no facilitan el proceso al no promover los valores favorables para los niños sino todo lo contrario, buscan los beneficios a través del “morbo” en series donde reflejan todas las conductas (estereotipadas y generalizadas asociadas a los jóvenes) y pueden no contrastar con los mensajes que reciben por parte de la familia y escuela.
Este proceso se trata de un círculo donde existen herramientas idóneas y valiosas pero no se saben utilizar, como es el caso del modelo familiar negociable donde ambas partes, padres-hijos asuman responsabilidades y marcan un comportamiento adecuado. Por parte de las instituciones escolares, existen profesionales preparados para educar y difundir los valores deseados como son los educadores sociales cuyas funciones siguen cumpliéndolas los docentes o profesores los cuales no están formados y no cuentan con las competencias adecuadas para difundir ciertos valores que se adapten a la realidad de la sociedad. Un ejemplo de ello, es la difusión de la diversidad afectiva y sexual en los centros escolares. Es importante tratar este problema ya que dentro de un instituto conviven chicos con orientación sexual diferentes (homosexuales, heterosexuales, bisexuales, etc.), el hecho de existir esta variedad de orientaciones sexuales no es aceptada ni tratada de manera adecuada entre una sociedad donde está establecida la heterosexualidad como la forma sexual “normal”, por tanto, las otras sexualidades son rechazadas. Dentro de los centros educativos esta discriminación es manifestada por medio de la violencia tanto verbal como física, el desplazamiento y la marginación de algunos chicos/as gays o lesbianas. Estos acontecimientos pueden dar lugar al abandono de los estudios por parte de los alumnos que sufren estas actitudes y comportamientos del resto de compañeros, además provocan trastornos psicológicos y de conducta en el individuo. Una de las principales causas de esta situación es lo comentado anteriormente, a los propios profesionales de la enseñanza no se les ha enseñado cómo difundir los valores de respeto a la diversidad afectiva y sexual y no se toman medidas al respecto, ya que se puede hacer uso de los profesionales (Educadores sociales, pedagogos…) que sin están preparados y formados para ejercer esa función para promover la igualdad de trato hacia personas de distinta orientación sexual, así como dar a conocer los grandes cambios que se dan en la sociedad y la adaptación que hay que tener, adquirir una visión más amplia de la realidad y aceptar las diferencias que pueden mejorar el respeto de todos.
Por tanto, el problema del proceso de socialización es que los agentes sociales (familia, escuela, grupo de iguales, publicidad, etc.) no conocen las funciones determinadas que deben cumplir y por ello, se crea un choque continuo entre qué roles deben ejercer cada uno dando lugar a un estancamiento del proceso de socialización, donde no se hace buen uso de las herramientas que se poseen.

