Los jóvenes disponen de tiempo para dedicarlo a lo que deseen, especialmente los fines de semana, se trata del tiempo libre. Éste puede ser empleado de forma muy enriquecedora para ellos mismos.
Desde que se consideró tratar el tiempo libre desde la intervención educativa se crean instituciones y asociaciones que se convierten en nuevos agentes socializadores para los niños. Pero, la participación de jóvenes en estas instituciones es muy escasa, bien por no estar interesados, por que no se adaptan a sus gustos, no querer estar encerrados o controlados por otros adultos que comparan con los padres o profesores y también, por la falta de difusión de la existencia de estas alternativas de ocio. Las principales formas de diversión en los adolescentes se puede resumir en el consumo, el botellón, fenómeno que surgió en los años 90 y se ha convertido en una “moda” para divertirse.
Lo que sucede es que los jóvenes se mueven en base a los gustos, intereses y aficiones de sus grupos de iguales y también según lo que ven y aprenden de los hermanos mayores y otros jóvenes y, una de las vías de difusión más influyentes son los medios de comunicación que tienen un gran capacidad de persuasión y, al mostrar este tipo de diversión los jóvenes la consideran como un actividad “normal”, la cual hace todo el mundo y es una manera de relacionarse y entablar nuevas amistades con otros chicos de la misma edad.
Uno de los problemas que se presentan es que el consumo cada vez comienza en edades más tempranas (12-13 años) y se suele empezar probando de forma esporádica el tabaco y alcohol y, conforme pasa el tiempo ese consumo se hace más frecuente y añaden otras sustancias (cannabis, cocaína...), por tanto, se genera un policonsumo. Estas prácticas de ocio no tienen control o supervisión por parte de muchos padres, los cuales no son conscientes de lo que hacen sus hijos fuera de casa y no tienen charlas para ofrecerles información sobre el peligro que tiene consumir ese tipo de sustancias nocivas o los comportamientos que puede generar, ya que también conlleva conductas delictivas y un consumo adictivo graves problemas de salud y psicológicos. Por todo ello, además de los problemas de carácter personal que pueden aparecer en la vida del individuo, también se suma los de tipo social en el caso en que el individuo se convierta en un excluido socialmente si llega a ser un drogodependiente o un delincuente.
El botellón también trae problemas a los ciudadanos que viven a los alrededores del recinto donde tienen lugar el encuentro masivo de los jóvenes, por lo que tienen muchas quejas y quieren medidas para solventar esas situaciones que les impide dormir o encontrarse su zona residencial sucia y con malos olores.
A pesar, de las leyes antibolletón que se han implantado en muchas comunidades, está actividad se sigue desarrollando todos los fines de semana y lo que sucede, es que los adolescentes están muy influenciados por los grupos de iguales y se guían por los chicos mayores como modelos a seguir y se van alejando de las aportaciones y recomendaciones que los adultos y familiares, por lo que, ellos consideran “guay” y “normal” hacer los que el resto de chicos y por tanto, otro tipo de ocio lo consideran “aburrido” puesto que no se mueven por otro tipo de intereses y adquirir nuevas cualidades o habilidades que se obtienen: aprendiendo a tocar un instrumento musical, participar en un campamento, pintura, etc., otros medios donde también te relacionas, conoces a gente nueva y no se generan consecuencias negativas tanto personalmente como a nivel social.

No hay comentarios:
Publicar un comentario